La ocupación es parte inherente de la condición humana. Las personas nos organizamos en torno a diferentes ocupaciones no sólo con el fin de obtener un beneficio material, sino también porque es a través de éstas como nos sentimos partícipes activos de los contextos en los que participamos, favoreciendo nuestro sentido de pertenencia, de competencia, de funcionalidad  y, por ende, de autorrealización.

Por todo esto, resulta evidente la relación existente entre ocupación y salud, entendida esta última como algo más que el pleno bienestar físico, mental, social y de capacidad de funcionamiento y que depende de factores subjetivos del individuo.

Conseguir mantener un buen nivel de calidad y equilibrio en el desempeño de todas las ocupaciones que desarrollamos a lo largo del día, entre ellas la destinada a la productividad, hará mucho más fácil la consecución de los objetivos marcados por el emprendedor y evitará sufrir riesgo en la salud.

Citando a Aristóteles, “el hombre es un ser social por naturaleza”. Requiere de los elementos que emanan de la sociedad para lograr su completo desarrollo y el cumplimiento de su vocación. Además, siempre que se estudia al hombre, tiene que ser contextualizado dentro de su medio social y no como una mera “suma de individuos” sino como las múltiples interacciones de esos individuos, que son las que confieren significatividad. De esta idea surgen corrientes sociológicas, como la propulsada por Durkheim, por la que los individuos son el producto de fuerzas complejas, que no pueden entenderse fuera del contexto social en el que viven, naciendo así el concepto de conciencia colectiva.

No obstante, antes de ser social, el hombre es un ser ocupacional ya que se organiza socialmente para dar respuesta a una ocupación. Es más, los primeros grupos sociales nacen para dar respuesta a la caza, ya que era más sencillo de esta forma abatir a un animal.

Así, según lo anterior, se puede definir la ocupación como “las unidades de actividad que están clasificadas y designadas por la cultura, de acuerdo con los propósitos que persiguen de capacitar a las personas para lograr superar los desafíos medio ambientales con éxito” (Yerxa, 1998).

Se considera al ser humano como ser ocupacional que se organiza dentro de una sociedad y, por consiguiente, se espera que:

  • Se desenvuelva eficazmente en su ambiente.
  • Que emplee su tiempo de un modo adecuado, según factores como el sexo, la edad o la cultura del sujeto.
  • Que participe activamente en la sociedad y que mantenga relaciones sociales con otros.

 Estas ocupaciones pueden clasificarse en diferentes tipos de áreas conforme el objetivo final que persiguen. Estas áreas son:

  • Área de autocuidado: se consideran todas aquellas actividades que son imprescindibles para la vida diaria autónoma de todas las personas. Dentro de ellas se comprenden desde las más básicas (vestirse, alimentarse, asearse, etc.) a las más avanzadas (como usar el teléfono, realizar tareas domésticas o la realización de la compra).
  • Área de productividad: Estas actividades son aquellas remuneradas o no, que proporcionan un servicio a la comunidad, proporcionando un sentimiento de utilidad, confianza e identidad social. Ejemplos de esta área es el trabajo.
  • Área de Ocio: conjunto de ocupaciones a las que la persona se dedica de manera libre y voluntaria cuando deja de lado sus obligaciones, con el objetivo de descansar o divertirse.

El equilibrio ocupacional y la calidad de vida.

El equilibrio en estas tres áreas resulta fundamental para que cualquier persona pueda alcanzar un completo grado de bienestar físico y psicológico. El equilibrio no es sinónimo de destinar el mismo tiempo a todas las ocupaciones, sino más bien al uso en el tiempo conforme a una base regular.  En otras palabras, puede que a lo largo del día el emprendedor dedique más horas a la productividad que al ocio, pero es necesario dedicar un tiempo determinado a esta área diariamente.

De esta forma, en su vida diaria, las personas se comprometen en ocupaciones de diversa índole, que variarán en cantidad, calidad, grado de compromiso e intensidad a lo largo del tiempo. El grado de compromiso, estará sujeto a factores externos (familia, cultura, sociedad, etc.) y a factores internos (capacidad de esfuerzo, habilidades personales, grado de satisfacción personal).

 En este sentido, tanto los factores externos como internos, configurarán nuestros propios intereses y motivaciones, los cuáles influirán de forma decisiva en las ocupaciones que decidimos hacer y el grado de significado que tienen para nosotros. Recordemos que a aquellas ocupaciones que mayor satisfacción nos causa realizar, se relacionarán con una mayor calidad en su desempeño y, por tanto, será más fácil que se perpetúen en el tiempo.  En este sentido, el emprendedor está de suerte, ya que al destinar parte de su tiempo productivo a una actividad específica elegida libremente se supone que la motivación y el interés serán más elevados y esto se reflejará en el grado de compromiso.

  Volviendo de nuevo al equilibrio ocupacional,  ¿quiere decir todo esto que se pueda alcanzar un equilibrio ocupacional perfecto y mantenerlo en el tiempo? La respuesta es no, puesto que hay factores en el contexto y en las condiciones de vida de las personas que provocan un juego entre equilibrio-desequilibrio.

Si volvemos a poner de ejemplo al emprendedor, que no tiene una hora de entrada y de salida establecida de su trabajo, en épocas de altos picos de trabajo, dedicará casi la totalidad del tiempo disponible a la productividad en detrimento del ocio. El problema viene cuando este desequilibrio es mantenido en el tiempo, ya que es nocivo y puede afectar a la salud de manera claramente negativa.

Siendo el emprendedor el propio dueño de su rutina y ritmo de trabajo, resulta fundamental que se tenga en cuenta que, aunque en muchos momentos deba dedicar mucho esfuerzo y tiempo al área productiva, no debe abandonar el resto de áreas, indispensables para un correcto estado de salud a todos los niveles: físico, psicológico y social.

 RECOMENDACIONES:

RECOMENDACIÓN Nº 1: Actividades de la Vida Diaria.

 Toma conciencia de lo importantes que son las actividades de la vida diaria en su actividad emprendedora:

  • Aliméntate de forma adecuada: come sano y variado estableciendo para ello una rutina de comidas diaria. Te ayudará a estar fuerte. Recuerda que somos lo que comemos.
  • Dedica un número suficiente de horas al sueño: lo recomendable es dormir entre 6 y 8 horas diarias. Para ello es recomendable que establezcas una serie de rutinas diarias, en su conjunto denominadas como higiene del sueño, con el fin de descansar adecuadamente.
  • Invierte esfuerzos en cuidar tu imagen personal: recuerda que tú eres la cabeza visible de tu empresa. Los clientes potenciales no conocen en primera instancia la calidad del producto o servicio que ofreces y se harán una imagen de empresa a través de cómo te perciban.

 Puedes pensar que varios de estos consejos encajarían mejor para deportistas que quieren alcanzar un mayor rendimiento, pero… ¿Acaso no es el emprendimiento una carrera de fondo?

RECOMENDACIÓN Nº 2: OCIO Y TIEMPO LIBRE.

 Con frecuencia, esta área es la que más se sacrifica cuando una persona forma su propia empresa. Ten en cuenta que el ocio se caracteriza por la dedicación placentera y voluntaria en actividades que la persona elige libremente por diversión, entretenimiento o mejora personal o por otro propósito distinto a un beneficio material.

 El ocio se manifiesta de diferentes formas según la persona: mediante la actividad física, a través de la cultura y la gastronomía.

 No olvides mantener aquellas actividades que te suponen una fuente de bienestar e invierte tiempo semanal a ellas. Si actualmente no te encuentras haciendo ninguna actividad de esta índole, piensa que intereses y motivaciones tienes (por supuesto no relacionadas con el trabajo) y dedícate a ellas. No tienes por qué ser un experto, recuerda que lo haces por disfrute personal.

 RECOMENDACIÓN Nº 3: PRODUCTIVIDAD.

 Es obvio que las dos anteriores áreas tienen una repercusión clara en la productividad: conforme mayor sea la calidad en éstas, mejores serán las condiciones para afrontar el proceso emprendedor.

 Además, es recomendable seguir una serie de consejos para mejorar la calidad en el desempeño de esta área en específico:

  • Utiliza sistemas y equipos lo más ergonómicos posibles.
  • Revisa tu agenda cada día y distribuye las tareas según orden de prioridad.
  • Dosifica el nivel de esfuerzo de las diferentes tareas.
  • Simplifica las tareas complejas a realizar, dividiéndolas en pasos diferenciados: aumentarás la calidad en la ejecución y así como tu sentimiento de éxito.
  • Toma descansos: nuestro nivel de atención y de concentración fluctúa en el tiempo y se ve influenciado por condiciones como el cansancio y la fatiga. Está demostrado que largos periodos de tiempo realizando la misma actividad sin parar resulta contraproducente. Lo ideal es hacer un descanso de 15 minutos por cada dos horas. Sal a tomar el aire, despéjate y aprovecha para activar tu cuerpo y entablar relaciones sociales.

José Luis López Bastías.
Correo electrónico: joseluis.lopez@urjc.es
Twitter: @JLLopezB

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